SOCIEDAD ANÓNIMA || Ida Izozorbe
Este martes, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó su informe de Gobierno y dijo que: “después de 36 años de empobrecimiento, desde 2019 las y los trabajadores viven una primavera laboral.” Habló del salario mínimo, de nuevas prestaciones y de la tan anunciada jornada de 40 horas. Todo lo que dijo es verdad, sin embargo no todo es como se quiere mostrar, hay matices fuertes.
Vayamos a los números.
El discurso del salario mínimo es auténtico. Desde 2018 ha subido 154% en términos reales, pasó de 2,800 a 9,282 pesos al mes. El dato de la presidenta coincide con el mostrado por la Secretaría del Trabajo. Hasta aquí todo bien.
El matiz lo encontramos cuando esos datos vienen del IMSS, es decir, no mide el sueldo de los trabajadores en general, sino a una parte que es la cotiza a esa institución, es decir: mide el salario base de cotización de los trabajadores del Seguro Social y deja fuera a más de la mitad que son quienes no cuentan con un seguro por parte del patrón. Y otra cosa más que el mismo IMSS aclara: el monto con el que el patrón inscribe al trabajador no necesariamente es lo que ese trabajador gana en su bolsillo.
Vamos ahora a los datos del INEGI. En México hay 60.4 millones de personas trabajando. De esas, 33.4 millones —el 55.2%, más de la mitad— lo hacen sin acceso a seguridad social, sin aguinaldo, sin las protecciones que sí tiene alguien inscrito en el IMSS. ¿Dónde están estas personas? Las encontramos en la calle, trabajando por su cuenta, o con un patrón que nunca las registró. A esas más de 33 millones de personas no les aplica el dato de los 20 mil pesos.
Con la jornada de 40 horas pasa algo parecido. Existe la Reforma publicada y su meta es llegar a esa jornada de forma gradual hasta 2030. La Secretaría del Trabajo reconoció que casi dos de cada tres personas trabajadoras ya rebasan hoy las 40 horas semanales. Cuatro de cada diez trabajan entre 41 y 48 horas, uno de cada diez trabaja más de 58. La ley que promete menos horas se aprobó, pero la mayoría de trabajadores sigue teniendo largas jornadas por lo menos cuatro años más.
Y si seguimos buscando, también nos encontramos con otro dato del INEGI: la tasa de condiciones críticas de ocupación, que mide a quienes trabajan muchas horas y ganan poco. En mayo fue de 38.7%. Con esto nos damos cuenta de que el crecimiento salarial que reporta el gobierno contrasta con una gran parte de la población que trabaja mucho y gana poco, o que no tiene ninguna protección laboral.
En resumen, la verdad es que el salario mínimo sí subió, y mucho. La percepción de quienes cuentan con empleo formal también subió, y alcanzó un máximo histórico. También hay reformas laborales importantes que han sido aprobadas, como la jornada de 40 horas y la formalización de trabajadores de plataformas digitales.
Pero esos mismos datos —del INEGI, no de la oposición — dicen que más de la mitad de quienes trabajan en México siguen en la informalidad, que casi cuatro de cada diez están en condiciones críticas de ocupación, y que seis de cada diez trabajan más de 40 horas a la semana. La primavera laboral existe, sí, pero todavía no le llega a la mitad del país.
Ida Izozorbe es periodista digital y editora, con formación en sociología de la cultura e investigación social.
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