QUINTANA ROO, 21 de abril de 2026.- México enfrenta una emergencia silenciosa: la obesidad infantil. En las últimas dos décadas, el número de niños con este padecimiento se duplicó, al pasar de 9 a 18 por ciento a nivel nacional.
En Quintana Roo, el panorama es aún más preocupante. De acuerdo con especialistas, 9 de cada 10 menores presentan sobrepeso, colocándolo entre los estados con mayor incidencia, junto a Baja California Sur.
Expertos señalan que esta crisis tiene raíces profundas en hábitos alimenticios basados en productos fritos, procesados y altos en grasas, los cuales forman parte de la dieta cotidiana en la región.
A esto se suma el factor económico, ya que muchas familias no tienen acceso a alimentos saludables ni a orientación nutricional, lo que perpetúa el problema desde edades tempranas.
El sedentarismo agrava la situación. Actividades físicas que antes eran parte del día a día han sido reemplazadas por transporte motorizado y estilos de vida inactivos, incrementando el riesgo de enfermedades.
Organismos como UNICEF advierten que la obesidad infantil ya es considerada una “pandemia”, con mayor impacto en sectores vulnerables.
Actualmente, casi la mitad de los niños no consume frutas ni verduras, mientras que hasta el 40 por ciento de su ingesta calórica proviene de azúcares y productos ultraprocesados.
El diagnóstico es claro: una generación que se alimenta sin nutrirse, y un problema de salud pública que podría cobrar factura en el corto plazo si no se toman acciones urgentes.
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