Jorge C.
José María Morelos, Quintana Roo, 2 de octubre de 2026.— La escasez de madera seca en las zonas cercanas a la cabecera municipal obliga a los leñadores a recorrer mayores distancias para abastecer a los hogares que todavía cocinan en fogón. Adelaido Briceño, uno de los aproximadamente cinco trabajadores que mantienen este oficio en la localidad, realiza alrededor de 12 viajes semanales y vende cada medida de leña en 150 pesos.
Para completar sus pedidos, Briceño debe trasladarse hasta zonas como Santo Domingo, utilizando un triciclo que pedalea o arrastra por las brechas. El trabajo incluye seleccionar madera seca, cortarla al tamaño adecuado, acomodarla y transportarla para entregar a sus clientes o buscar compradores.
Una de las dificultades es encontrar jabín, madera apreciada por quienes preparan alimentos en fogón. Según su experiencia, esta especie prácticamente ha desaparecido de los puntos habituales de recolección, por lo que los pedidos específicos tienen un costo adicional.
Ante esa escasez, utiliza otras maderas, como el ch’ulub, para completar las cargas y mantener el abasto.
Aunque el gas LP ha ganado presencia en la cabecera municipal, la leña continúa siendo una opción para familias que conservan la cocina tradicional y buscan reducir sus gastos. Para quienes la recolectan, cada venta implica horas de trabajo físico y recorridos por caminos de difícil acceso.
Durante las lluvias, Briceño también debe organizar las jornadas para evitar que la madera se moje y resguardarla antes de entregarla, pues su utilidad en los fogones depende de que permanezca seca.

